18 ene 2011

-Bueno, Jaime. Si no es mucho pedir, cuénteme, ¿quién es ella?
-Bueno, podría decirse que ella lo es todo. O también podría decirte que solo es una mujer. Sea como sea ella cambio mi vida. Nuestro amor no fue de película, pero a mí me gusta. La conocí en la universidad. No fue amor a primera vista, ni a segunda. Ni siquiera fuimos amigos. Yo era el guay, chulito, prepotente. Me acosté con ella, para reírme con mis amigos, fui un cabrón. Ella se enfadó, pero nos volvimos a acostar, una y otra vez. Yo me avergoncé de ella, ni siquiera la quise, solo hacíamos el amor. Siempre me pregunte porque no me mandó a la mierda, el caso es que no lo hizo. Y un día borracho, mi amigo Javier, se desvió de la carretera, en una fiesta, la atropelló, ella murió en el acto. Y en ese momento me di cuenta de cuánto me importaba. Aprendí la lección más dura de mi vida, por las malas. Desde ese día, no ha habido momento en el que no haya pensado en ella, y me haya arrepentido de todo el daño que le hice. Y si pudiera tenerla delante un solo segundo, hay dos palabras que podrían resumir toda la culpa, y todo el amor que siento por ella. Si la tuviera delante, solo le diría: te quiero. Y gracias a ella, a una chica a la que humille, de la que me reí, ahora soy quién soy. Y, puede sonar un poco cínico, per verdaderamente me considero una buena persona desde entonces, he intentado enmendar todos los errores, aunque sé que no puedo. Por eso, ahora que sé que voy a morir...
-Pero, no tienes por qué morir, la medicina...
-No hace falta que lo intentes, gracias, pero sé que no hay cura, voy a morir y tengo que aceptarlo. Cuando muera, lo único que pido es volver a verla, aunque sea una sola vez más.

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