5 ene 2011

Nadie te va a susurrar secretos en altas horas de la madrugada. Nadie te va a arropar cuando la brisa se cuele a través de las rendijas de la persiana y haga que tu cuerpo esté frío. Nadie va a abrazarte por la espalda tan fuerte hasta que resulte un esfuerzo respirar...No van a morderte en la nuca ni vas a jugar a enredar tus piernas entre las suyas. Tampoco van a trazar caminos con las yemas de sus dedos por tu cuerpo como si se tratara de un gran mapa rosado de una isla desierta a punto de ser colonizada. Nadie va a hacerte cosquillas con su pelo en tus mejillas. Olvídate de besar tan profundamente que casi creas que tus labios ya no son los tuyos, son de otro. No vas a volver a atrasar la alarma del despertador para volver a perderte entre las sábanas...Nada de esto va a suceder... hasta que llegue ese instante en el que cierres los ojos y tus sueños te trasladen a otro lugar de otro tiempo en el que la historia puede continuar o repetirse con la intensidad y el sabor que tú quieras. Así que cierra los ojos. Duerme. Duerme hasta que yo deje de observarte.

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